¡Me pesan las pestañas!, he
perdido los calzoncillos,
hay morriña en mi habitación.
La cama me ha dado de lado
-ahora estoy en el apartado frío-,
ya me gustaría dormir
y que peleándome con las sábanas
mi cuerpo solitario
se vista solo-y es que
me pesan las pestañas,
las uñas, los pelillos del dedo gordo
del pie-.
Pero ahora me amenazan
las zapatillas, es hora
de salir a la calle
-de rutina-,
y de pensarlo
huyo a mi guarida nocturna.
No me apetece ver
las caras
de siempre. Ni
buscar los calzoncillos
que habrán hivernado
en algún lugar
del lado caliente,
ese que nunca encuentro
en los flecos de mis sábanas,
-cuando me pesan
hasta las pestañas-.

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